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martes, 25 de octubre de 2016

La protesta callejera no es violencia y viceversa.


Se prepara una nueva cortina de humo para ocupar espacio informativo durante el fin de semana que viene, donde las élites habrán ganado la batalla y la Gran Coalición será un hecho. Esta cortina serán minutos y minutos de información de una protesta ciudadana convocada por la Coordinadora 25S bajo el contundente a la par que desafortunado lema de “Rodea el Congreso”.  
Me gusta ver a la gente protestar, manifestarse, reivindicarse como ciudadanos. Me gustaría que la gente saliese a la calle mucho más a menudo y que el resto de la ciudadanía se entere de lo mal que lo pasan colectivos ajenos. El poder adora que no podamos organizarnos como clase y que ni siquiera nos enteremos de los problemas del gremio de al lado.
Por eso, y porque nadie nos ayudará, hay que protestar con cabeza, como se hará mañana contra la absurda reforma educativa de Wert. Con razones de fondo y con unas formas exquisitas.
Protestar no es el espectáculo de la semana pasada en la Autónoma, donde “presuntos estudiantes” encapuchados boicotearon una conferencia de Felipe y Cebrián (tanto monta, monta tanto). Eso es violencia. Que sean portavoces y paniaguados de la oligarquía no justifica que no puedan explicarse. Hay que ser inteligente, hay que machacarles con preguntas incómodas, con argumentos contundentes y sobre todo, hay que respetar a los profesores y alumnos que prepararon esta charla con el fin de mostrar puntos de vista diversos en lo que debe ser la cuna del conocimiento, la Universidad.

Espero que la manifestación del sábado sea tan exitosa como pacífica, que los grupos de alborotadores no encuentren cobijo en la muchedumbre y que la ciudadanía que no se haya enterado, que estoy seguro de que la hay, sepa de la magnitud del golpe de estado que la oligarquía ha perpetrado, asesinando al primer partido de la oposición.  
Aun así prepárate a ver minutos y minutos de televisión de la manifestación, criminalizando a ciudadanos como tú y como yo… antes, durante y después de la protesta, sólo porque han decidido salir a la calle a reivindicarse, un día señalado, el día en el que hay que tapar las vergüenzas del régimen.
De momento, protestar se puede, es derecho constitucional.

martes, 16 de febrero de 2016

Cuestión de libertades.

¿Somos de verdad libres aquellos que nos sentimos libres?
No quiero que la frase suene a filosofía barata, aunque me temo que tiene un tonillo bastante próximo, ¿verdad? Sino que lo que quiero es que me sirva de bastón para reflexionar un poco sobre cómo tras alcanzar un cénit de libertad en un momento que ni yo, ni creo que nadie, sabría cifrar, lo vamos perdiendo poco a poco. 

Lo perdemos con leyes que lo coartan, leyes que los estados tienen unas irrefrenables ganas de promulgar que van desde la mutilación del derecho de manifestación, o la prohibición de fotografía cualquier tipo de represión policial o incluso policías mal aparcados a aquella que leí hace unos meses que me dejaba bastante boquiabierto en la que la Fiscalía de la Audiencia Nacional reformulaba el sentido del mítico ReTweet de la red del pajarito, buscando una aprobación implícita del proto-delincuente en el simple hecho de hacerse eco de la opinión de otro.
Me resulta curioso, simplemente curioso, sin ir más allá, hoy de veras que no me apetece, que desde que ETA dejó de matar, se hayan multiplicado por 5 el número de denuncias por enaltecimiento del terrorismo. ¿Acaso cuanto más decrece la trascendencia de un asunto, por muy terrible que sea, más importantes son las opiniones sobre el mismo?
Y no voy a quedarme en esta reflexión aparentemente antisistema y que muchos de vosotros estaréis relacionando con el asunto de los famosos titiriteros.
Yendo un poco más allá, no somos libres en el momento en que estamos controlados en a cualquier hora por la tecnología. Tampoco voy a hacer un alegato contra el progreso, pero a fe que coarta la libertad el estar teniendo un cuidado extremo cuando usas un ordenador, o cuando apagas con reiteración la opción de geolocalizarte de tu teléfono móvil…  
Nos controlan y eso nos reduce la libertad, aunque pensemos que la tenemos plena. Nos controla nuestro estado y nos controla hasta Google, al final lo que creo es que nos gusta no sentirnos libres, al final ambas cosas son producto de nuestra “libre” elección.